1 sept. 2017

Los sumerios nos visitan este otoño, ocasión para conocerlos

La gente se hace más o menos una idea de lo que representaron las civilizaciones egipcia, griega y romana. En cambio los sumerios de le antigua Mesopotamia son los grandes olvidados, aunque sin sus anteriores progresos ni la civilización egipcia ni la griega ni la romana habrían llegado donde llegaron. Este otoño se podrá reparar el vacío en alguna medida. La Fundación Miró barcelonesa dedica, con algún efecto sorpresa, una exposición a la influencia del arte sumerio en artistas de vanguardia como Miró, Giacometti, Henry Moore o De Kooning. El primer inconveniente que deben superar los antiguos sumerios en la mentalidad de hoy es la dificultad de situar geográficamente la gran región de Mesopotamia. El
segundo, las etapas enfrentadas de aquella primera gran civilización compleja, por no decir imperio.
Mesopotamia es una fragmentada región geográfica, no un país. Corresponde a lo que hoy son Irak, una parte de Siria y el sudeste de Turquía. Albergó durante los últimos milenios antes de nuestra era una brillante civilización de varios pueblos: los sumerios, los acadios, los babilónicos, los asirios... 
Su geografía está protagonizada por los ríos Tigris y Éufrates, rodeados por las grandes cadenas montañosas del Tauro y el Cáucaso. El llamado Creciente Fértil, el arco mediterráneo de esa región, jugó un papel de apertura de la cultura mesopotámica hacia otras tierras del Mar Interior a través de las activas ciudades fenicias dedicadas al comercio internacional: Ugarit, Tir, Sidón, Biblos... 
La sedentarización de antiguos pueblos nómadas ya era un hecho establecido en el Próximo Oriente el séptimo milenio aC. En la región mesopotámica de Sumer, los sumerios de la ciudad de Uruk fueron los impulsores de dos descubrimientos determinantes: la rueda (la rueda plena, formada por la suma de tres piezas, no aun la radial) y la escritura (la de signos cuneiformes), cuando en el resto del mundo la población aun vivía mayoritariamente en grupos tribales seminómadas. 
Se considera a Uruk (hoy Warka, en Irak) como la primera gran ciudad de la historia. El año 2900 aC tenía unos 50.000 habitantes y una muralla de 9,5 km de longitud, extensión inaudita hasta entonces, más amplia que la Atenas de Pericles o la Roma republicana tres milenios más adelante. 
La máscara en alabastro de tamaño natural de la Dama de Uruk ha sido fechada el año 3300 aC. Uruk fue gobernada el 2700 aC por el legendario rey Gilgamesh, hasta que la ciudad desapareció. 
Las culturas de China e India de la misma época pervivieron. La mesopotámica se vio borrada, pese a su enorme legado.
El antropólogo Piotr Michalovski califica a a cultura sumeria de “salto cuántico sin precedentes en sus dimensiones, no un gradual y evolutivo desarrollo histórico”. Por su lado, el historiador Paul Kriwaczek habla “del mayor progreso social, material y tecnológico conocido hasta la revolución industrial de nuestra era. Casi toda la tecnología básica que sustentó la vida humana hasta que la producción industrial empezó a apoderar de nuestro mundo, hace escasamente dos siglos, fue concebida allí por primera vez”. 
El arqueólogo londinense Leonard Woolley se hizo famoso por las excavaciones que llevó a cabo entre 1922 y 1934 en la antigua ciudad sumeria de Ur. El descubrimiento de las tumbas reales de Ur, del tercer milenio aC, se compara en importancia con la de Tutankamón en Egipto o la de los guerreros de terracota chinos del primer emperador Qin Shi Huangdi, iniciador de la dinastía Qin el siglo III aC. 
Los arqueólogos detectan una continuidad cultural, una correa de transmisión entre los imperios sumerio, asirio, babilónico, persa, griego y romano. Lo consideran el molde de la civilización occidental, más perdurable que la índica, la sinocéntrica, la mesoamericana, la andina o la africana occidental. La continuidad quedó admitida tras la publicación en 1956 del ensayo La historia comienza en Sumer, del padre de los estudios sumerios Samuel Noah Kramer. 
La innovadora Mesopotamia duró 2.500 años. Se vio barrida con la conquista de Babilonia por el emperador Ciro II el Grande de Persia, el año 539 aC. Su sucesor, Cambises, conquistó Egipto el año 525 aC. 
Los grandes vestigios de la civilización sumeria se admiran hoy en los museos europeos, por ejemplo la puerta de Ishtar en el Pergamon de Berlín (foto adjunta), construida durante el reinado de Nabucodonosor II alrededor del 575 aC. En cambio sobre el terreno lo impregna todo el petróleo y la guerra inacabable que algo tiene que ver con él.

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