21 sept. 2017

Regresa “Blade Runner”, sin metáfora ni alegoría

El septuagenario actor Harrison Ford no pudo contener las lágrimas durante la presentación a la prensa anteayer en Madrid de la continuación de la mítica, profética película Blade Runner que se estrenará aquí el 6 de octubre. Fue una reacción sensible muy coherente con el film de 1982 que marcó época. Basado en la novela de ciencia-ficción de Philipp K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y dirigido entonces por Ridley Scott, la historia distópica de los replicantes-robots y los humanos transcurría a una destruida ciudad de Los Angeles en noviembre de 2019 (en la novela era
el año 1992), tan solo habitada bajo la lluvia y la neblina por aquellos humanos que no habían podido escapar a las colonias instaladas aen otros planetas. La hipnótica banda sonora era del compositor Vangelis. A las puertas ahora del año 2019, muchas de sus visiones catastróficas sobre el futuro de este planeta se han ido cumpliendo y justifican la segunda adaptación, dirigida ahora por el canadiense Denis Villeneuve, también con Harrison Ford al frente.
Uno de los científicos más acreditados, Stephen Hawking, declaró el mes de junio en el último encuentro científico anual de Trondheim (Noruega): “No tenemos futuro si no colonizamos el espacio. No nos queda más opción”. Añadió que la vida inteligente que caracteriza exclusivamente al planeta Tierra tiende de forma comprobada a la autodestrucción, lo cual cosa se ha revelado como lo menos inteligente. 
No es corriente que un film entre en la memoria colectiva por el monólogo final. En Blade Runner, el androide Roy Batty dice al protagonista Rick Deckard (Harrison Ford) instantes antes de morir bajo la lluvia: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir". 
En realidad las famosas frases son un plagio del no menos famoso poema El barco ebrio, de Arthur Rimbaud. El plagio siempre ha sido el hilo conductor de la cultura de todos los tiempos. Saber copiar de un buen modelo representa un acierto, mientras que el anhelo de originalidad resulta con frecuencia inútil y da pie a piruetas ridículas. Escribió Rimbaud:

¡He visto archipiélagos siderales, con islas
cuyo cielo en delirio se abre para el que boga:
Son las noches sin fondo, donde exiliado duermes,
millón de aves de oro, ¡oh futuro Vigor! 

En fin, mucho he llorado. El Alba es lastimosa.
Toda luna es atroz y todo sol amargo:
áspero, el amor me hinchó de calmas ebrias.
¡Que mi quilla reviente! ¡Que me pierda en el mar!

El estreno de Blade Runner fue un fracaso comercial en Estados Unidos, con una taquilla de 14 millones de dólares, la mitad del coste de rodaje. Se resarció ampliamente en los videoclubs, como segunda película más alquilada después de Casablanca y una de las mas lucrativas en la historia de la Warner.

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