9 abr. 2018

La Barcino romana emerge a cada ocasión: era un país de viñas

La publicación de los resultados de la excavación arqueológica realizada a raíz de las obras de reforma del Mercat de Sant Antoni no ha descubierto grandes novedades: un tramo de 50 metros de la Vía Augusta y la necrópolis romana situada a ambos lados de la carretera, con inhumaciones de la primera y segunda generación de habitantes de Barcino. Resultó más elocuente la excavación en La Sagrera con motivo de las obras del AVE: una extensa villa o finca romana de doce hectáreas, con bodega de once prensas de vino. Demostró que la Barcino romana del siglo I era un país recubierto de viñas que comercializaba 1.800 ánforas de 25 litros por mes, en colaboración con la fábrica de envases en Baetulo (Badalona). Pero es preciso ponerlo en su contexto, ya que Barcelona tan solo adquirió con mucha posterioridad la importancia territorial que no tuvo ni mucho menos en época romana. No se fundó hasta el año 15 aC, dos siglos después de que los romanos desembarcaran a través del puerto griego
de Empúries el 218 aC en el territorio de Iberia, que ellos transformarían en Hispania. El vino ya se cultivaba en Iberia antes de los romanos, ni que fuese a menor escala, tal como acaba de reiterar la excavación del oppidum ibérico de Subirats (Alt Penedès).
Durante los dos primeros siglos de ocupación militar, bastante tuvieron los romanos con someter a los anteriores ocupantes cartagineses y a los iberos autóctonos, antes de consolidar la tarea colonizadora de la romanización. La propia Vía Augusta ahora desenterrada en el tramo del barrio barcelonés de San Antoni no era más que la Vía Heraclea de los iberos puesta al día por los romanos. 
De entrada, el campamento militar instalado por Marco Porcio Catón en Empúries fue el embrión de la nueva ciudad romana en aquel puerto ya habitado per iberos y griegos. Empúries era una ciudad mediana, de unos 4.500 habitantes, mayor que Gerunda (Girona), Ruscino (Castellrosselló, hoy Perpiñán), Iluro (Mataró) Baetulo (Badalona), Barcino (Barcelona) o Pollentia (Alcúdia, Mallorca). 
La gran capital romana en la demarcación fue el campamento militar que los romanos instalaron y acto seguido urbanizaron en el puerto de Tarraco, hasta transformarlo en una metrópolis del Mediterráneo occidental, de unos 20.000 a 25.000 habitantes, favorecido por la rápida comunicación marítima con el centro neurálgico de Roma. 
Capital de la provincia romana más extensa de Europa, calificaron a Tarraco de felix (afortunada) y de urbs opulentissima. Los dos años de residencia del emperador Octavio César Augusto en Tarraco, del 23 al 22 aC, significaron embajadas, recepciones, vida oficial y construcción de monumentos, en un territorio que englobaría a continuación hasta a Barcino al norte, Dertosa (Tortosa) al sur e Ilerda (Lleida) al este. 
Pero Barcino, de momento, era un lugar minúsculo. Eso sí, cubierto de viñas y rápidamente especializado en la exportación de sus ánforas. El vino y el comercio la harían grande.

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