18 mar. 2019

En la plaza de Lladó casi todo parece neoclásico, por fortuna

Este sencillo edificio público construido en 1905 con aires de clasicismo ordenado y simétrico ennoblece la plaza mayor de Lladó, a 14 km de Figueres en dirección a Olot. Sus ocho plátanos centenarios (hasta hace veinte años eran nueve) procuran en verano una de las sombras más distinguidas de la comarca. En la época de los abuelos era el Sindicato Agrícola de La Garrotxa. En la época de los padres, el legendario restaurante Can Kiku, regentado hasta cerrar las puertas por jubilación en 2011 por Francesc Marcé y su mujer Dolors Sala. Acaban de restaurar la planta baja como nuevo bar con terraza de lo más agradable. En Can Kiku las judías con salpiquet, la ensalada fría de pota i tripa, la oca con peras, los pies de cordero con guisantes, el arroz de bogavante o el pescado del día traído de Roses ya eran herencia de una leyenda anterior, la Fonda de Cal Gran, gobernada desde 1930 por Felicià Vilar, que todos llamaban Flacià. Josep Pla sostuvo que en Cal Gran de Lladó se comían “los tordos más afrodisíacos de la tierra”. Lo escribió en el magnífico retrato literario dedicado al pintor de la localidad, Marià Llavanera, en el libro Homenots, Tercera sèrie. Las cuatro últimas
páginas de la narración alrededor de la boda in articulo mortis, la agonía, la muerte y el entierro del pintor son una pieza de las más finas y truculentas de toda la obra planiana.
Marià Llavanera residía en la casa familiar de la plaza de la Colegiata, siamesa de la plaza Mayor. Nació y murió en la casa con balcón porticado situada justo enfrente del pórtico románico de la canónica agustoiniana de Santa María, fundada en 1089. La destreza del pintor Llavanera no pudo ser ajena al influjo del pórtico románico que contempló toda la vida desde casa. Su legado se ha desdibujado excesivamente en el escenario de hoy, a pesar de la retrospectiva que le dedicó el Museu de l’Empordà en 2014 y la restauración de su pintura inacabada de gran formato “Las bodas de Caná”, ahora instalada en el Ayuntamiento de Lladó.
A despecho de los hijos ilustres y el pórtico románico, en la mirada actual los plátanos monumentales de la plaza Mayor actúan sobre todo de atrio del edificio neoclásico del Sindicato, parcialmente recuperado para el uso público. Me complace contemplarlo mientras como en la “pecera” del restaurante La Plaça y, acto seguido, tomar café en la terraza soleada de su bar recién estrenado. (Foto Quim Curbet)

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