18 may. 2019

El ombligo es un mundo, para algunos el centro del mundo

En 1981 publiqué en Edicions 62 el libro de entrevistas L’art de mirar-se el melic a Catalunya (El arte de mirarse el ombligo en Cataluña), cuando al editor Josep M. Castellet le complacía fomentar el ambiente cultural. El debate insinuado en el título ha decaído, sin embargo el principio que enunciaba se ha inflamado. Me ha quedado como poso un interés por esa delicada cicatriz en forma de cero que queda para siempre en medio del abdomen tras cortar el cordón umbilical al momento de nacer. Dicen que no sirve para nada, que solo es un inútil productor de borra. Sin embargo le mantengo una simpatía, ya sea cultural, genética o estética. En verano las muchachas adolescentes se obstinan en vestir blusas cortas para enseñarlo con orgullo, con pírcing o sin él. La legendaria danza árabe del vientre ha pasado a la historia como espectáculo, ahora mimetizado en la vida general. Las culturas antiguas lo usaban como símbolo del centro de gravedad del mundo. Algunas piedras venerables eran calificadas de omphalos mundi (del griego omphalos, ombligo). El del santuario de Delfos era
venerado. El historiador y geógrafo griego Pausanias dijo que estos puntos onfálicos representaban el centro cósmico de comunicación entre el mundo de los hombres y el de los dioses.
La cultura científica devolvió las cosas al punto biológico estricto. Los más quisquillosos no le acusan tan solo de inútil productor de borra. Puntualizan que a nivel microscópico representa una auténtica selva amazónica de bacterias vivientes en cada persona, la jungla microbiana estudiada en el informe “Belly Button Diversity” (BBB) por investigadores de la Universidad de Carolina del Norte. La práctica totalidad de esas bacterias de la piel no son nocivas, simplemente se refugian en el ombligo como lugar más resguardado después de la ducha.
En el terreno de la historia del arte también dio rendimiento. En muchas representaciones pictóricas famosas de Adán y Eva ambos tienen ombligo, algo herético para la doctrina religiosa oficial, dado que no nacieron de madre. En la ciudad de Bolonia, calificada y con motivo de “la rossa, la grassa, la dotta” (la roja, la grasa, la docta) afirman que los tortellini fueron modelados en su origen mediante el ombligo de Venus...
Se han dicho tantas cosas del humilde ombligo... A veces pienso que lo miramos –unos más que otros—porque es el rastro físico que nos queda del molde.

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