3 dic. 2019

La historia la hizo igual – o más-- el amor que la guerra

Durante largo tiempo se nos ha explicado la historia como una encadenamiento de batallas y reyes. Esta media verdad ocultó la otra media: junto al protagonismo de los monarcas estuvo el de la mayoría social de la gente común y entre cada batalla se produjeron esfuerzos de paz más fructíferos que las guerras. Es preciso adoptar una nueva mirada a través de los períodos de paz cooperativa, del mismo modo que últimamente se ha reinterpretado la historia a través de la vida privada de la gente de cada época, de la mirada de las mujeres, de las emociones (se ha publicado en Francia el tercer volumen de la Histoire des émotions, dirigida por Alain Corbin). La especie humana se ha mostrado propensa en todas las
civilizaciones y todas las épocas al sadismo más abyecto, pero también ha sido capaz de otros momentos de altruismo, incluso de oficializar como lema nacional el objetivo de "Libertad, Igualdad, Fraternidad". Ha tenido muchos "momentos Calígula, aunque también "momentos Mandela".
El neurocientífico portugués Antonio Damásio, director del Instituto del Cerebro y la Creatividad de la Universidad Southern de California, reitera en su libro El extraño orden de las cosas que los sentimientos cooperativos se hallan en la raíz de la civilización desde el primer momento del origen bacteriológico de la vida hace 4.000 millones de años.
Tras publicar en 1994 El error de Descartes sobre la separación de racionalidad y emoción, Damásio añade: “Cuando la gente dice que la ciencia, el progreso y la razón arreglarán el mundo se equivoca. Necesitará negociar. Y la negociación precisa afecto. La ira y el miedo son muy rápidos, pero desarrollar la bondad, la benevolencia, la compasión requiere reacciones más lentas. Si vamos hacia reacciones instintivas, los riesgos son altos de manipulación de las democracias”.
Los biólogos Pablo Servigne y Gauthier Chapelle han editado La ayuda mutua. La otra ley de la jungla para desplegar los conocimientos científicos de los últimos años que contradicen la teoría neoliberal de la nueva derecha sobre la ley del más fuerte como norma de conducta natural.
“Sería absurdo negar que la competición existe en la naturaleza. Pero también seria absurdo negar que la ayuda mutua juega un papel fundamental. Esa es la apuesta del libro. No decimos que la ayuda mutua sea un remedio absoluto. También se puede cooperar para hacer la guerra o masacrar al pueblo vecino. Lo importante es convertirnos en expertos en cooperación, encontrar de nuevo el uso de nuestra segunda pierna”, declaran los autores.

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