11 ago. 2017

El molino de la Muga vivió la eternidad en estas tierras de frontera

Jaume Farcy Vila, el Met de la Muga, es el hombre de montaña más puro, informado, humilde, acogedor, esclavizado y el al mismo tiempo libre que he conocido. Toda su vida fue una peregrinación como trabajador en las masías de los remotos valles de la cabecera de la Muga, entre las comarcas del Vallespir, la Garrotxa y el Empordà. En 1963 pudo asentarse con su mujer, Nuri Naspleda Massanella, como masovero del molino de la Muga, sobre la misma raya de Francia. Era la última habitada de las 26 masías vecinas y ejercía como hostal. El río de las temibles mugadas brota en este punto, antes de formar los aiguamolls de Castelló
d'Empúries y desguazar en el golfo de Roses, al cabo de 58 km de curso, tras embalsar en Boadella y protagonizar muchos regadíos del Alt Empordà.
El molino de la Muga de mi generación ya no era un molino. Tampoco era exactamente una fonda, aunque el Met y la Nuri preparaban comidas con frecuencia. Pollos y conejos iban directos de la libertad más absoluta a la cazuela. Fui un día en que la sociedad de cazadores de Elna celebraba la comida anual. Aprendí muchas cosas y muchas formas de decirlas, la mayoría selladas por el voto de discreción propio de los pasos de frontera. 
El molino de la Muga siempre fue refugio de carlistas, bandoleros y contrabandistas, además de leñadores, carboneros, excursionistas, cazadores y buscadores de setas. La última incursión que costó la vida al maquis Quico Sabaté partió en diciembre de 1959 de esta casa. 
Regresé para otra comida inesperada, con motivo de la revisión anual de las mugas de frontera entre los agentes de la Guardia Civil y la Gendarmería, acompañados por los alcaldes implicados. Uniformados y ediles de ambos lados daban pronto el asunto por entendido, firmaban el atestado y pasaban al objetivo primordial del encuentro, que era la comilona en el molino de la Muga. El amable gendarme Robert Bocassin, del puesto de Sant Llorenç de Cerdans, me mandó por correo la foto adjunta como recuerdo (soy el cuarto por la izquierda). 
El Met de la Muga murió en 1992 en el molino que regentó durante 29 años, angustiado porque querían echarle. Escribí un artículo necrológico en el diario, con la sensación de que sería uno de los pocos que se publicarían sobre aquel hombre excepcional. 
Sus amigos y beneficiados se congregaron más adelante en el molino para descubrir una placa que reza: “Para Jaume Farcy Vila, Met de la Muga, Oix 6-6-1916-Hostal de la Muga 23-5-1992. Y a todos los hombres y mujeres que vivieron la eternidad en estas tierras”. 
Está bien expresado. Hoy el molino de la Muga se halla deshabitado y ruinoso, en deuda de gratitud con el Met y la Nuri.

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