25 mar. 2019

Tarragona recuerda poco la importancia de la Tarraco romana

La ciudad y la comarca de Tarragona deberían ser por méritos sobrados el gran polo de atracción de la historia romana del sur de Europa, sin embargo protagonizan el demérito de ser una de las capitales provinciales de aquel imperio que lo ha olvidado más sobre el terreno de hoy en cuanto a presentación moderna del patrimonio histórico. Hispania fue la provincia mas romanizada del Imperio. La capitalidad provincial de Tarraco se tradujo en un conjunto monumental sin precedentes en todo el Mediterráneo fuera de Italia: muralla, circo, anfiteatro, teatro, temple a César, acueducto... El provecho extraído modernamente de ello como equipamiento cultural es mínimo. El Museo Nacional Arqueológico de Tarragona ya era obsoleto
al ser construido por el Estado en 1874. También lo era en 1960, al trasladarlo al edificio de la Plaza del Rey tarraconense, ahora cerrado en espera de una remodelación indefinida.
En cambio la ciudad de francesa de Narbona ha encargado al arquitecto Norman Foster un moderno Museo Romano que abrirá este año, con un presupuesto de construcción de 50 millones den euros. En la vecina ciudad de Nimes, fundada igualmente por los romanos, el nuevo Museo de la Romanidad acaba de abrir este último mes de febrero, con un presupuesto de construcción de 59 millones.
Los romanos dividieron la administración de Hispania en tres provincias: la Bética (Andalucía), Lusitania (Portugal) y la Tarraconense o Citerior. Esta última englobaba las dos terceras partes: todo el Mediterráneo peninsular hasta Murcia, todo el Cantábrico, León, Castilla y Navarra. La ciudad de Tarraco se convirtió en la capital de la provincia romana más extensa de Europa, calificada de felix (afortunada) y de urbs opulentissima.
Transformada en metrópolis de unos 25.000 habitantes, se vio favorecida por la rápida comunicación marítima con Roma y el acceso que facilitaba a la producción de cereales del valle del Ebro. Los dos años de residencia del emperador Octavio César Augusto en Tarraco, del 23 al 22 aC, significaron embajadas, recepciones, vida oficial, construcción de monumentos. Durante el invierno del año 122-123 dC residió aquí el emperador Adriano, de origen familiar hispánico.
La declaración de Tarraco como Patrimonio Mundial de la UNESCO el año 2000 no se ha traducido en el aumento esperado de visitantes, tal vez por la escasa y descoordinada visión estratégica de las instituciones. Los arqueólogos polarizados alrededor del Museo tarraconense y la Universitat Rovira i Virgili han avanzado en su labor y generado especialistas en excavación, interpretación y divulgación de aquel período. En cambio la museización moderna de los yacimientos, la atracción de público y la incidencia cultural se mantiene al mínimo.

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