Ayer fui a Girona a comer con el amigo Quim Curbet (la foto es suya) el arraigado menú de 11 € de Can Roca, la casa madre –literalmente hablando— del establecimiento conocido en todo el orbe desde la designación en 2013 de su anexo Celler Can Roca como mejor restaurante del mundo por parte de una revista especializada. Estaba lleno y comí muy bien: patatas rellenas de primero, sepia guisada con albóndigas de segundo y manzana al horno de postres. Coincidió con la trompetería en los principales medios de comunicación sobre el aquelarre de grandes cocineros de alta cocina ditirámbica —los de 300 € como mínimo por comensal— que hoy miércoles tiene