El hecho de visitar ayer en el barrio barcelonés de Prosperitat el taller de Mar Arza, escultora de palabras sobre papel, me causó la sensación pecaminosa de entrar en una iglesia cismática, separada de mis creencias sobre el recto uso del alfabeto a la hora de enlazar frases. Mar Arza se ha especializado en transformar letras, tiras de papel escrito y recortes de páginas impresas en composiciones visuales que adoptan forma escultórica y plástica poética. Aunque lo haga dentro de una reconocida trayectoria artística, su trabajo me despertaba de entrada aquella sensación de herejía, de desviación, probablemente porque mantengo una antigua fe en las palabras que se entienden y me refracta el prestigio de las que juegan a no dejarse
