El dogmatismo luterano, el celo mesiánico de austeridad, la obsesión compulsiva de disciplina presupuestaria es una filosofía moral rigorista. Los países endeudados son culpables, han pecado, deben expiarlo, deben pagar, deben redimirse. No se pueden salvar a los ineficientes Estados endeudados, al mismo tiempo que se salva al ineficiente sistema bancario occidental con inyecciones de dinero infinitamente más elevadas. A un lado un principio elemental: las deudas deben pagarse. Al otro la realidad: aquella norma ha conocido excepciones continuas y perpetuas, comenzando por la propia Alemania. Las monedas suelen tener dos caras, la realidad también. Veámoslo a continuación. Europa se ha convertido de nuevo en un continente marcado por la voluntad alemana de dominio. Primero fue con el militarismo, ahora con la economía. El desenlace de aquel militarismo es bien conocido, el del dominio económico empieza a serlo. El país europeo que ha destruido Europa dos veces en un siglo puede hacerlo una tercera, puede repetir
