Almorzar o cenar bien a orillas del mar, literalmente con los pies en la arena, es un placer de los dioses más primitivos y más auténticos. Los restaurantes o chiringuitos de playa abiertos en verano practican a veces una cocina expeditiva, otras veces destacan por la calidad y el servicio a pesar de la sencillez aparente de las instalaciones, enaltecida a menudo por la grandeza del paisaje, por la atmósfera de aquel lugar preciso. En los chiringuitos el entorno natural resulta determinante, así como el ambiente decontracté de un momento concreto que aspira a
