Ayer cruzamos con el amigo Josep Lloret la frontera franco-española invisible del puente de Riumajor, en la flamante carretera abierta en 1995 entre Tapis (núcleo disgregado de Maçanet de Cabrenys, Alt Empordà) y Costoja (Vallespir) en el lado francés. La iglesia de Costoja, de comienzos del siglo XII, presenta uno de los portales románicos más hermosos del país, aunque no fuimos por eso. La localidad, de un centenar de habitantes, ha tenido el acierto poético y la primicia internacional de rebautizar todas las calles con imaginativos nombres bilingües. Se llaman Via Crucis dels Somnis Inconfessables (Chemin de Croix des Songes Inavouables), Escapatòria dels Tenaços Xiuxiuejadors (Echappatoire des Tenaces Chuchoteurs),