El oficio de hacer correr el dinero a comisión se ha convertido en un conglomerado descomunal, una madeja infinita. Los beneficios acumulados por los bancos durante los últimos siglos han servido para comprar una imagen de respetabilidad al viejo y odioso oficio del usurero. Las dimensiones adquiridas por el sector adjudican una impresión de complejidad técnica al negocio tan simple de prestar dinero a interés, multiplicado con todo tipo de variantes que no alteran la simplicidad del mecanismo básico de la especulación. La función social de los bancos, basada en la
