Ayer encontré chanquete fresco en las pescaderías del mercado barcelonés de la Concepción. Suelo refugiarme en el chanquete cuando la angula me recuerda la excesiva diferencia entre el producto natural y la imitación. El chanquete es el cabello de ángel del mar, la espuma de las olas, otra clase de caviar. Escruto cada invierno su aparición en la pescadería o en la carta del restaurante Amalia, junto al mercado de la Concepción. A pesar de su talla diminuta, el chanquete (Aphia minuta) no es un alevín, sino un góbido adulto casi transparente blanco, delicado, huidizo, otra de las delicias del invierno para comer en fritura o en
