La arqueología
moderna nació a finales del siglo de las luces como ciencia marcada
por el espíritu romántico que se complacía en el carácter melancólico de las ruinas. Una vez excavadas, restauradas y abiertas al público, tenían que seguir pareciendo ruinas, sin devolverlas al estado original.
Pero la arqueología es una ciencia interpretativa, no solo importan las
piezas halladas o no por los excavadores, sino cómo se interpreta la información
disponible, cómo se contextualiza para ilustrar un período del pasado.
A las ruinas, exhumadas o no, les da vida la explicación otorgada por los
conocimientos y la visión actuales. El
