Las autoridades francesas han descartado repetidamente dedicar un monumento o al menos una calle a uno de los principales protagonistas de la Revolución de 1789, el “padre de la patria” Maximilien de Robespierre, llamado el Incorruptible. El personaje sigue estigmatizado como dirigente del período del Terror, a pesar de haber sido uno de los impulsores más destacados de la Revolución que determina los orígenes de la República actual. El correligionario Danton tiene su altivo monumento a la salida del metro Odéon, en pleno Barrio Latino. Saint-Just también cuenta con una calle en la capital francesa. Robespierre, no. Figura en el nomenclátor de múltiples localidades francesas, pero en París, no. La editorial
