El otro día paseaba por las calles del pueblo de Cantallops (Alt Empordà) y me pareció que las campanas de la iglesia resonaban entre las fachadas de las casas con una sonoridad más estentórea que antes. Me extrañó y le busqué una explicación. De repente caí en la cuenta: ha cerrado la última tienda del pueblo, la Fina de Can Salellas ha colgado el delantal y se ha jubilado. El vacío que ha dejado resuena. Suministró durante un siglo los víveres básicos a los 300 habitantes y los visitantes de las segundas residencias. Cantallops