Durante el reciente debate de investidura cuatro portavoces de grupos parlamentarios han citado, en un sentido u otro, palabras del presidente de la II República, Manuel Azaña. El reconocimiento de la realidad histórica se ha visto acompañado por un flagrante desconocimiento del papel de Azaña como jefe del Estado, escamoteado durante décadas. El partido al que representaba (Izquierda Republicana) solo podía darle un apoyo minoritario y tuvo que practicar la cultura de coalición a regañadientes y con juego sucio contra sus aliados del PSOE, mayoritarios en el gobierno. La principal potestad del presidente de lav República era designar la persona encargada de
