Ayer me levanté con hambre y fui a desayunar al mercado del pescado de Mercabarna en compañía de una de las mejores cocineras de la ciudad. Nos desplazamos tranquilamente en metro. Antes de las 6h30 de la mañana ya habíamos llegado, dispuestos por adelantado a comer unas sardinas a la plancha recién pescadas y beber un porrón de vino. La expectativa se vio muy encogida por la realidad. Los tres bares del mercado del pescado de Mercabarna solo ofrecen donuts, croisanes y la lista de bocadillos usuales. Un resquicio de la dura realidad permitió en última instancia que nos ofrecieran un pulpo a la gallega
