En el interior de un museo acostumbro a centrarme más en la vista de los ventanales o la pose de los visitantes que en la mayoría de obras expuestas. En un vagón de metro encuentro, algunos días, Venus más vitales que en los libros de arte. A veces entro en los grandes almacenes solo para presenciar como los clientes componen un virtuoso ballet de mil caras. Viajo a algunas ciudades para librarme a la simple y suntuosa costumbre de mirar pasar a la gente. Lo expliqué en algunos libros míos a propósito de Milán, París, Buenos Aires o Atenas, pero podría hacerlo extensivo a cualquier sitio. Mirar pasar a la gente no siempre es
