Desde primeros de febrero tenía comprado el billete de avión y la reserva hotelera para pasar unos días en Nápoles. No podré ir, perderé el importe abonado del viaje. En las actuales circunstancias sería demasiado burdo referirse a la célebre frase que en otras épocas fue justo demasiado romántica: “Vedere Napoli e poi morire”... La expresión consagrada por el uso tradicional se refería a la belleza imposible de superar de la bahía urbana más acreditada del mundo mediterráneo, pero estos días adopta otro carácter más prosaico, más materialmente letal. Dentro de mis pasiones italianas arraigadas, que practico con fe inconmovible, la de
