La rápida extensión del último incendio forestal que ha abrasado esta semana 500 hectáreas del Baix Empordà ha sido atribuida una vez más al viento de tramontana y a la falta persistente de lluvia otoñal, cuando en realidad el detonante y el agente propagador han sido otros muy distintos: la ausencia de una política de prevención adecuada por parte de los responsables de la administración. Hace tiempo que sabemos que los incendios de bosque se apagan sobre todo en los despachos mediante una política forestal que mantenga
