A veces quedo embobado ante una palabra con la que doy por casualidad. Me provoca una reacción de ternura alfabética y el deseo de memorizarla, pero sobre todo la fascinación inesperada de un instante revelador. Hoy me ha ocurrido con la palabra “mitigar”, el infinitivo del verbo correspondiente. No tiene nada de particular, sin embargo me ha parecido afortunada, eufónica, digna de ser utilizada con mayor frecuencia. “Mitigar” está bien dicho, expresa una idea atractiva. Claro, las aplicaciones de la palabra pueden ser variadas, divergentes, opinables, incluso contrapuestas. Pero ahora no trato de analizarla, simplemente saborearla. Es probable que en la fascinación repentina ante una palabra guarde conexiones con el subconsciente de