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16 sept 2013

París fea, sucia y hostil, tan auténtica como sus maravillas

En una ocasión preguntaron al escritor norteamericano Howard Phillips Lovecraft como había logrado en una de sus narraciones reproducir tan minuciosamente el ambiente de un barrio de París sin haber estado nunca. Contestó que, de hecho, sí había estado: “With Poe, in a dream”… Junto a esa salida airosa de Lovecraft para ilustrar el atractivo mítico de la capital francesa, me llamó la atención en las revistas el titular de las declaraciones de una actriz española: “Me gusta sentarme en un café de París y ver a la gente pasar. ¡Todos tienen estilo!”... De las dos mayores metrópolis europeas en dimensiones (12 millones de habitantes cada una), Londres se quedó con la capitalidad financiera mediante la puesta al día de la City como centro europeo de la especialidad. A París le tocó otra especialidad más etérea: el lujo, el estilo, el pensamiento, la cultura, el arte. Se mantuvo como capital europea del ramo desde la Belle Époque en el siglo XIX hasta cederlo a Nueva York tras la Segunda Guerra Mundial en 1945. Ahora conserva el rastro en el