En invierno no es necesario, pero en seguida que arranca la temporada de forasteros vale más encargar previamente por teléfono los famosos tapones de Cadaqués en la pastelería La Mallorquina de la localidad, que los inventó dos siglos atrás y los sigue vendiendo hoy con auténtica denominación de origen y un éxito que alcanza las tres mil unidades al día en verano. Son una variante del universal babá al ron menos emborrachada de licor, un bizcocho suavemente esponjado por el almíbar que lo convierte en finísimo, ligero, único. El invento fue del todo casual, cuando el tatarabuelo introdujo en el horno un pequeño molde
