Ayer recorrí de nuevo con amigos la intensa luz amarillenta del monasterio de Poblet, en la comarca tarraconense de la Conca de Barberà, cuyas viejas piedras ofrecen cada día un aspecto más flamante, pulido, funcional y activo. No se trata tan solo del convento de 32 monjes cistercienses. La condición de conjunto monástico más extenso de Europa y el rango de panteón real de ocho monarcas de la corona de Aragón favorece un prestigio monumental que ha costado mucho dinero público restaurar. En un extenso reportaje de Eduard Voltas publicado en el semanario El Temps de 24 de junio de 1996, el autor le decía al abad
