Cuando en 1969 vivía en el pisito de la avenida Palmerston de la foto, en Bruselas, situado a dos pasos del edificio del Mercado Común en el barrio de Etterbeek, no se me habría ocurrido pensar por qué la calle llevaba aquel nombre. Entonces el Mercado Común estaba formado por 6 países (ahora son 28) y los alquileres de los últimos pisos sin ascensor de aquellas casitas modernistas alineadas eran asequibles. Todas tenían una franja de jardincillo al frente que no servía para nada y una escalerilla hasta el portal que servía para caerse cuando la recubría la nieve o la escarcha. El uso que el clima permitía de la avenida ajardinada se reducía al mínimo de entrar y salir de casa expeditivamente. La vida en general resultaba plácida, la única verdadera preocupación era ir alimentando la estufa sin excusa. El urbanismo de mi calle era holgado, con un amplio square y su correspondiente estanque a cada extremo, pero no creo que me fijase ni que le diera ningún uso recreativo. El paisaje urbano era un concepto inexistente o al menos abstracto, de una vaguedad gris como el cielo de cada día. No recuerdo que nadie hiciese alusión a ello ni lo empleara para nada más que para entrar y salir de
