Las pruebas deportivas de los Juegos Olímpicos son siempre el pretexto corto, limitado y casi intrascendente de otras operaciones de mayor envergadura, como sabemos los barceloneses tras las mejoras urbanísticas y el relanzamiento de la imagen de la ciudad que supusieron los de 1992. Los Juegos Olímpicos de invierno que se inauguran este viernes en la ciudad balnearia rusa de Sochi, donde veranea el presidente Vladimir Putin, son la operación de propaganda planetaria de su largo mandato, que no tiene muchos triunfos por exhibir. El flamante estadio olímpico, el nuevo aeropuerto, la carretera, la línea de tren, la
