8 jul. 2012

Montaré una agencia de servicios al adulterio

La machacona insistencia en la necesidad de reinvertarse profesionalmente a fin de superar la crisis de trabajo me lleva con frecuencia a imaginar, ni que sea por unos instantes, posibles nuevas ocupaciones laborales cargadas de futuro. Ahora despuntan a través de la web agencias de servicios al adulterio, es decir pequeñas empresas especializadas en procurar a los clientes no solo contactos personales, sino toda una panoplia de excusas y engaños dirigidos a sus cónyuges o parejas para encubrir las escapadas con otra persona. La agencia envía al cónyuge o pareja falsos correos electrónicos, sms, fotos, documentos que justifican el supuesto empleo del tiempo del adúltero durante su ausencia “por motivos de trabajo”, a la vez que
facilita al cliente todo lo relacionado con su aventura extranconyugal: discretas reservas de billetes de avión, de hotel, etc. Son agencias altamente especializadas en el arte del alibí, de la coartada.
La página web de Gleeden (gleeden.com) asegura, también en castellano, que es el primer sitio de referencia para encuentros extraconyugales pensado por mujeres y que cuenta con una “comunidad global” de 1’3 millones de inscritos absolutamente reales. Darse de alta cuesta 499 € por un período de seis meses. Algunos medios de comunicación y canales de televisión han rechazado los anuncios de esa agencia, potencialmente desagradables para una parte importante de la audiencia que se sitúe entre los posibles engañados. 
El anuncio promocional de otra agencia del ramo, como la norteamericana Ashley Madison (ashleymadison.com), que se autocalifica –también en castellano-- como “la página de contactos más importante a nivel mundial de encuentros discretos para gente casada”, fue cancelado en España por la cadena Antena 3, aunque la decisión le dio más publicidad indirecta. Otras agencias especializadas son Second Love (secondlove.es) y Victoria Milán (victoriamilan.es), todas centradas de forma explícita en facilitar encuentros ocasionales entre sus clientes casados o aparejados, no como antes en hacerles encontrar pareja. 
Montar en la red una de estas agencias virtuales no debe ser difícil, con una mínima inversión. Me digo que puede representar un “brote verde” de actividad económica. Me lo pienso, le doy unas cuantas vueltas y, finalmente, tengo la sensación que el “nicho de mercado” ya está tomado por multinacionales y, a la vez, que lo del adulterio es una costumbre trasnochadísima, cuyas coartadas han proliferado desde siempre sin necesidad de empresas especializadas. Llego inevitablemente a la conclusión que reinventarse debe ser otra cosa.

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