4 jun. 2013

El fenómeno de Evita Perón aun colea, allá y aquí

Este miércoles 6 de junio se emite el segundo y último capítulo de la miniserie de TVE y TV3 “Carta a Eva”, dirigida por el realizador Agustí Villaronga alrededor de la mítica visita a Madrid y Barcelona de Evita Perón en junio de 1947. En un momento de pleno aislamiento internacional del régimen franquista y severas penurias para todos, excepto para los estraperlistas y las fortunas consolidadas, la triunfal visita de la “Madona de los descamisados” y antigua vedette fue organizada como una “operación de Estado” y un espectáculo de masas.
Causó un impacto del que aun se hace eco la acogida de público y crítica que acaba de merecer esta última serie televisiva, casi setenta años después de los hechos.
La única amistad que encontró el gobierno de Franco en el extranjero fue entonces la del nuevo régimen argentino del general Juan Domingo Perón. El país austral constituía "el granero del mundo" y firmó en octubre de 1946 con España un acuerdo económico para venderle 700.000 toneladas de trigo y otros suministros básicos en condiciones ventajosas. El “Protocolo Franco-Perón” fue presentado a bombo y platillos como un triunfo internacional del gobierno español, un pacto entre dos grandes estadistas. 
Como gesto gratitud por la ayuda, Eva Duarte de Perón fue recibida con honores de jefe de Estado durante una larga gira oficial de veinte días por España. Entró bajo palio en varias catedrales, compareció con abrigo de visón en pleno mes de junio junto a Franco en el balcón de la Plaza de Oriente y pasó la verbena de San Juan en el Real Club de Tenis de Barcelona, acompañada por Carmen Polo de Franco y el presidente de la entidad y propietario del diario La Vanguardia, Carlos Godó Valls, conde de Godó. De aquella velada y de las fricciones derivadas de la disparidad de estilos entre les dos “primeras damas” --la descarada y sobrevenida Evita frente de la puritana y burguesa Carmen Polo-- se han explicado jugosas anécdotas en público y en privado. 
El fenómeno del peronismo resulta todavía hoy difícil de entender, por la contraposición que representó entre la demagogia populista y una política de mejora de las condiciones de vida de los trabajadores, que no dejó de ser real en algunos aspectos por más demagógica que también fuese. El papel movilizador de los “descamisados” por parte de Evita Perón encarnó muchos de aquellos aspectos contradictorios, y en sus alocuciones públicas aquí también lo puso de manifiesto. Los mismos militares argentinos acabaron por derrocar al general Perón en 1955 y abrir la larga y tempestuosa etapa del “peronismo sin Perón”, que culminaría tras la dictadura con el “peronismo sin peronismo” de Carlos Menem a partir de 1991 y la de los esposos Kirchner en la actualidad. 
Evita murió de cáncer en 1952, a los 33 años. Perón solo resistió diez meses en vida a su retorno al poder en 1973. Aquella “operación de Estado” con espectáculo de masas a raíz de la visita oficial de Evita entre nosotros era el preludio de una leyenda --y de unas contradicciones nada legendarias-- que aun colea con el mismo carácter mítico.

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