18 jun. 2013

Mi querido diario “L’Indépendant” y los prejubilados forzosos de la globalización

Cuando entré en 1977 como corresponsal en Barcelona, el diario perpiñanés L’Indépendant vendía 70.000 ejemplares cada día. Ejercía un fuerte liderazgo informativo en el Rosellón y la vecina Aude (Narbona). Informaba con una calidad periodística que le llevaba, por ejemplo, a tener corresponsales profesionales y enviados especiales a cualquier acontecimiento que afectase a los intereses roselloneses. Hoy vende 55.000 ejemplares (mucho más que otros diarios de ciudades de dimensiones equivalentes como Girona, Lleida o Tarragona), ha conocido una reducción de personal que afecta a los contenidos informativos y la empresa propietaria pone en duda su viabilidad futura. La tendencia se inscribe dentro de la crisis general de la prensa escrita, pese a la solidez tradicional de los diarios regionales franceses (el diario francés más vendido no es el parisino Le Figaro con 320.000 ejemplares cada día ni Le Monde con 290.000 ni el deportivo L’Equipe con 275.000, sino Ouest-France con
750.000 en Burdeos y su amplia área de influencia.
Con la jubilación del propietario Paul Chichet y las desavenencias entre los dos principales accionistas, L’Indépendant fue comprado en 1986 por el rival de toda la vida, el Midi-Libre de Montpellier. La absorción provoco un escalofrío. No sería el último cambio de propiedad, la última absorción por parte de grupos de prensa cada vez más grandes. En 1996 L'Indépendant abandonó la vieja redacción de la calle Emmanuel Brousse que yo frecuenté, para instalarse en el nuevo edificio levantado en la zona industrial de Ribesaltes, a once kilómetros de la ciudad, junto a la salida de autopista Perpiñán-Norte. La opción era calcada de la que ya había llevado a cabo Midi-Libre al trasladarse también del centro urbano al peaje sur de Montpellier. 
Tras otra batalla entre familias accionistas, el año 2000 el grupo empresarial del diario Le Monde se convirtió en accionista mayoritario del grupo Midi-Libre. La operación incluía el diario de Montpellier (160.000 ejemplares), L'Indépendant de Perpiñán (70.000) y el Centre Presse de Rodez (25.000). El director de Le Monde escribió al anunciar la noticia: "Europa, la nación, las regiones: es nuestro destino común. Lo esencial es, a través de una política de desarrollo, preservar nuestra función en una democracia frente a los imponderables de la vida económica. Estamos con quienes comparten con nosotros la visión de futuro sobre la base de compartir determinados recursos y ven en esta actitud una mejor garantía de perennidad que en el aislamiento, ni que fuese espléndido, como pensaron durante mucho tiempo nuestros predecesores". 
Aquella “garantia de perennidad” se ha revelado nefasta. La decadencia económica, como negocio, de muchos diarios regionales significa la devaluación de la información de proximidad, de la cultura local y el debate democrático. En L’Indépendant aprendí mucho, mantengo múltiples amigos entre los despedidos y conservo un buen recuerdo profesional. Ahora ya no nos reunimos en la redacción, sino en el bar de la esquina cada primer jueves de mes, como tantos otros prejubilados forzosos de la mirífica globalización.

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