23 sept. 2013

Otoño triunfal en la montaña de amatistas del olvidado poeta (1)

Los bosques de abetos situados más al sur de Europa, los castaños corpulentos, los robles enrocados, los álamos y chopos de ribera, las copas densas de los olmos, la redondez de los almeces, el refinamiento de los tilos, las encinas retorcidas y las hayas filiformes dan al Montseny un aire de balada centroeuropea, de selva negra germánica, de alpina helvética. Las brumas matutinas se levantan aquí como un souflé de la alfombra de helechos y enebros, de los setos de arándanos y espinos, las matas de brezo y barrón, hasta disolverse en el cielo. Jaume Bofill i Mates se adjudicó el pseudónimo poético de caballero medieval
Guerau de Liost y con este nombre publicó en 1908 el poemario La muntanya d’ametistes. “El Montseny es en su obra el símbolo de la pureza, del paraíso perdido, de las formas de relación perfectas”, escribe el crítico Enric Bou. Josep Carner, a quien está dedicado el libro, lo calificaba –sin pizca de ironía ni malicia-- como una “Divina Comedia vegetal y rupestre”. Y el prologuista de la Obra Poética Completa de Guerau de Liost, su primo Jaume Bofill i Ferro, sentenciaba en un arrebato noucentista que hoy suena con timbre de mandolina tardoromántica: “Ningún rincón de Cataluña se ha visto sometido a una elaboración intelectual tan intensa y tan acabada, a una corrección tan sapiente. Es ahora un país depurado, arbitrado, pulcro”...
La piedra preciosa de la amatista, que el autor relacionaba por analogía poética con el macizo del Montseny por el manto arbustivo violáceo que forman las landas secas del brezo, era tiempo atrás una de las gemas cardinales, junto con el diamante, el zafiro y la esmeralda. Luego se descubrieron grandes yacimientos, sobre todo en Brasil, y ahora la amatista se suele vender como simple mineral. 
Hoy la montaña de amatistas del poeta Guerau de Liost es lo más aproximado que tenemos al countryside de Jane Austen, nuestro Hampshire de orgullo y prejuicio, de sentido y sensibilidad, aunque la cantidad de lectores de Guerau de Liost y Jane Austen difieran mucho. El editor en castellano de la novela Sense and Sensibility, publicada por primera vez en 1812, declara vender actualmente 10.000 ejemplares al año (en catalán fue traducida apenas en 2004), mientras los lectores de Guerau de Liost tienden a cero, fuera de los círculos poéticos. 
La montaña de amatistas es en la actualidad un calificativo difuso y romántico, pero el calificativo perdura, al menos en la medida que perdura la resonancia de la poesía en la sociedad actual. El color morado atribuido a la visión alejada de la masa vegetal y mineral del Montseny no es muy distinto al de muchos otros macizos mirados con el mismo afecto, aunque este posee una virtud específica: su proximidad a la conurbación de Barcelona, el uso asentado como lugar de villegiatura de la burguesía urbana. Alfonso XIII firmó en 1928 el primer decreto-ley de protección del Montseny, preludio de su actual condición de parque natural. El observatorio meteorológico del Turó de l’Home se abrió en 1932.

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