13 nov. 2013

Los incendios forestales se apagan sobre todo en los despachos

La rápida extensión del último incendio forestal que ha abrasado esta semana 500 hectáreas del Baix Empordà ha sido atribuida una vez más al viento de tramontana y a la falta persistente de lluvia otoñal, cuando en realidad el detonante y el agente propagador han sido otros muy distintos: la ausencia de una política de prevención adecuada por parte de los responsables de la administración. Hace tiempo que sabemos que los incendios de bosque se apagan sobre todo en los despachos mediante una política forestal que mantenga
a los terrenos rurales en mínimas condiciones de limpieza e impida que se conviertan en una tea explosiva a la mínima llama accidental o provocada. El alcalde de Colomers, uno de los términos afectados estos días, ha recordado en sus declaraciones la evidencia de que la suciedad de los bosques y márgenes de los ríos han favorecido la propagación del último incendio. Dar una vez más la principal culpa al viento o a la sequía ya no es admisible. Una política forestal puesta al día y una vigilancia eficaz no pueden evitar los accidentes o la locura de los pirómanos, pero pueden limitar mucho la rapidez de la propagación y por consiguiente la extensión de superfície quemada. También se puede llamar prevención, aunque valdría más denominarlo simplemente responsabilidad por parte de las autoridades que la tienen encomendada entre sus funciones.

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