10 dic. 2015

Convertir los prostíbulos en geriátricos, quizá no es mala idea

El propietario del conocido y amplio prostíbulo de carretera Eclipse de Montrás, integrado de facto a Palafrugell, (foto Núria Clara, Ara Girona) ha anunciado la intención de convertirlo en una residencia geriátrica y las autoridades municipales se han mostrado en principio de acuerdo, si el estudio encargado a un equipo de arquitectos cumple los requisitos legales. La noticia resultaría menos sensacional si se tratase de una iniciativa de la administración para aprovechar las instalaciones de un antiguo burdel que hubiesen revertido a la propiedad pública, pero no es así. Lo más sorprendente es que el propietario del burdel (de una red de burdeles)
sea en este caso quien decide convertirlo en geriátrico porque cree que le resultará más rentable.
El propietario del club Eclipse, de 30 habitaciones con piscina, jardines, restaurante y 80 prostitutas en el pico de la temporada, es el mismo que del mayor prostíbulo de Europa, el Paradise de La Junquera (80 habitaciones, 150 prostitutas), y otros de la comarca fronteriza como el Edén de Melianta. José Moreno no se ha ocultado nunca, ni al inaugurarlos con ruedas de prensa ni al ser juzgado por la Audiencia de Girona por proxenetismo, tráfico de personas, falsificación documental y blanqueo de dinero. La única condena que ha recibido, recurrida ante el Supremo, ha sido por favorecer la inmigración clandestina. Sigue investigado por una presunta red de fraude fiscal, no por prostitución. 
El Eclipse abrió en 2003. Poco después de inaugurar en 2010 su “do de pecho” del macroburdel Paradise, José Moreno convocó a la prensa y declaró a cara descubierta: “Funciona muy bien y estoy muy contento. Evalúo los clientes franceses en un 80 % del total. No sé de dónde vienen las críticas, no veo motivo. Nosotros hemos montado un negocio perfectamente legal. Como cualquier gran establecimiento que acaba de abrir las puertas, ayudamos a la zona comercial que nos rodea. Atraemos público, que de rebote consume en los restaurantes. Además, las 150 señoritas aquí presentes dan Trabajo a las perfumerías, las tiendas de ropa y las peluquerías. Y los competidores, cerca de aquí, también se benefician de nuestras instalaciones. Estoy convencido que nuestro papel es importante en la sociedad. Somos una muralla contra la violación. Deciden los hábitos de los clientes, y participamos en la economía local también pagando impuestos importantes al Ayuntamiento”. 
Las escaramuzas legales y las rendijas de la normativa son la especialidad de los responsables del ramo y sus abogados, con la certeza de que la ley permite una parte importante de su actividad. El Eclipse y el Paradise de José Moreno abrieron con los permisos legales inmaculados. No representaba ni siquiera una novedad, dada la actividad anterior de otros prostíbulos de carretera de considerables dimensiones en la misma comarca, como el Lady Dalla's en Agullana, Monnnight en Hostalets de Llers, Madam's en Capmany o Escala 2000 en Ventalló. 
En Palafrugell Josep Pla habló de los burdeles de su época como instituciones casi históricas. En el libro Peix fregit les dedicó un capítulo propio, como una más de las características tradicionales del municipio. La condición de soltero de Pla favorecía la leyenda sobre sus conocimientos en la materia. Los prostíbulos de Palafrugell eran tradicionalmente más modestos que los de las villas portuarias vecinas como Palamós y Sant Feliu de Guíxols o los de la capital administrativa comarcal de La Bisbal d’Empordà. 
El gobernador civil de Girona ya recordaba en un escrito dirigido al Ayuntamiento de Palafrugell a comienzos del siglo XX la normativa de la Real Orden de enero de 1903 sobre Higiene de las Prostitutas. La junta municipal, reunida el 16 de diciembre de 1904, contestó que no se había autorizado ningún establecimiento del ramo en la localidad. El oficio se ejercía a establecimientos sin declarar, prostíbulos ilegales o alegales, situados en casas más o menos discretas. 
Uno de los más estables en Palafrugell fue el llamado 64. Comenzó a operar en la década de los años 1920 en la calle de Palamós nro. 64 y conservó el nombre con que era conocido tras su traslado a la calle Velázquez, hasta su cierre en 1956. Después se pondrían de moda las “barras americanas”, bares de copas en que se podían concertar servicios sexuales con las camareras. Finalmente llegaron los macroprostíbulos de carretera, com el Eclipse de Montrás. 
Josep Pla reconocía el año 1954 en Peix fregit, adjudicando al burdel el nombre francés de una célebre narración de Guy de Maupassant: “En aquella época, ya tan lejana, muchas veces la noche no nos traía consejo e íbamos a saludar a las señoritas de la ‘Maison Tellier’. Puesto que éramos gente importante, del séquito de Don Rosendo Girbal, entrábamos por la puerta excusada. Nos abrían el comedor. Tenía una mesa de centro, seis o siete sillas alrededor, y una bombilla eléctrica en el techo que proyectaba una luz gris e incierta. Las chicas hacían piña alrededor del brasero prácticamente extinguido. Una tosía y la otra estaba afónica; la que vestía el tricot rojo tenía una ronquera de alcohol que empujaba a llamar al médico. No sé si se puede imaginar un ambiente más triste, pobre, frío, desgarrado, macilento, exangüe, apolillado, cruel, inapetente, sórdido y horripilante que el de estos antros pueblerinos del vicio y el placer. ¡Válgame Dios! No creo que pueda haber un lugar más escogido para provocar la atonía más absoluta y definitiva”. 
Posteriormente aprovechó el fragmento en El cuaderno gris, retocándolo como solía: “Las chicas hacían piña alrededor del brasero prácticamente extinguido. Una tosía, la otra estaba afónica, la tercera tenía una ronquera de matiz alcohólico siniestro. No sé si se puede imaginar algo más triste, pobre, frió, desgarrado, macilento, exangüe, apolillado, crudo, cruel, inapetente que uno de estos antros pueblerinos del vicio y el placer". 
Hoy las buenas conciencias se tranquilizan aduciendo que la clientela de los burdeles ampurdaneses procede sobre todo de las comarcas vecinas francesas, donde la prostitución se halla de otro modo regulada. En este asunto las conciencias siempre se tranquilizan con rapidez, como si se tratase de una actividad inevitable con rango de oficio más antiguo del mundo. Basta con tolerarlo, aunque infrinja la ley, como demuestran las esporádicas batidas policiales de control. 
La tentación de hablar de los burdeles como un fenómeno arraigado y tradicional enmascara la cobardía de identificar a la moderna esclavitud con nuestra realidad más cercana, la comodidad de pensar que el imperio de la ley siempre ha tenido amplios márgenes de tolerancia, que la delincuencia organizada es cosa de las películas y la miseria una plaga del lejano Tercer Mundo. Que los propietarios de esos burdeles pretendan convertirlos ahora en residencias geriátricas, con las reformas que convenga, quizá no es mala idea ni mala noticia.

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