16 mar. 2016

El "xe" valenciano y el "ché" argentino, hermanos desconocidos, inexplicados y vivos

Las Facultades de Filología expectoran cada año miles de graduados, sin embargo ninguno de ellos ha sido capaz hasta hoy de desentrañar la filiación entre el xe valenciano y el ché argentino, pesen a tener usos idénticos como exclamación coloquial, una partícula léxica onomatopéyica y espontánea que sirve para todo, como un comodín, todavía en la actualidad. Los filólogos deben considerarlo una cuestión menor, imagino. Se admite que el origen etimológico de la expresión es compartido, sin que se haya visto documentado mediante una explicación
consensuada. Se designa a los valencianos con el gentilicio de los xes, igual que a los argentinos los chés (por eso Ernesto Guevara fue conocido como el Che), pero no sabemos por qué. Proliferan teorías sin demostrar y ejemplos desaparejados.
Los actuales diccionarios normativos sientan cátedra a propósito de la cuestión de forma lacónica, esquelética. El de la lengua catalana lo define sucintamente: “Expresión usada para demostrar admiración, alegría, entusiasmo, enojo, etc.”. No figura en la última edición del Diccionario de la Lengua Española ni en el Diccionario panhispánico de dudas, mientras que el Diccionario de americanismos apunta con la misma precariedad del resumen: “Expresa asombro o desagradado, llamada de atención o de regaño, ruego o pregunta a alguien de confianza”. 
La autoridad de Joan Corominas en su Diccionario etimológico castellano e hispánico pasa la maroma sin concluir. Por un lado afirma: “No se puede pensar ni en que el xe valenciano sea importación de la Argentina, ni en que el che argentino proceda de Valencia”. Por el otro, contradice: “Sería demasiado casual que dos voces de origen diverso hubiesen coincidido tan absolutamente”. 
Los diccionarios no logran pese a su gordura abrazar ni de lejos el universo que la expresión incluye en Valencia y Argentina. Los especialistas todavía se remiten al trabajo de 1962 Origen e historia el che argentino, del hispanista venezolano de origen polaco Ángel Rosenblat, que tampoco sacó de dudas. 
En resumidas cuentas, la ciencia va por detrás de la realidad. En la vida cotidiana se seguirá diciendo “Xe, collons, la millor terra del món” o bien “Ché, loco, qué bueno que viniste”. Y a mi me quedará el gusanillo de la duda de saber por qué.



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