18 ene. 2017

La técnica de la piedra seca contra la abrasión del tiempo

En Mallorca acaban de crear un Gremio de Margers para reconocer, transmitir y homologar el viejo oficio de los constructores en piedra seca que caracteriza una parte del paisaje patrimonial de la isla. En Catalunya opera hace tiempo la Coordinadora de la Piedra Seca con el mismo espíritu. Una de las edificaciones más admirables y menos valoradas del hombre son los bancales de piedra seca, destinados a convertir las pendientes abruptas de las montañas en terrazas aprovechables de rellanos o márgenes escalonados, hasta esculpir el paisaje con sentido utilitario y
rehabilitador, convertirlo en una trama territorial estructurada, pentagramada por las rayas líticas. El peso de la piedra debidamente encajada contrarresta la presión de la tierra que soporta cada bancal.
Se trata de una técnica constructiva milenaria que prescinde de argamasa, mortero o cal, basada en la habilidad de encajar piedras de formas irregulares con las más pequeñas colocadas a presión para actuar de cuña y sujetar el conjunto. El uso más abundante corresponde a los muros de contención para nivelar el terreno, pero también se utiliza para levantar paredes bajas que dividen las propiedades y barracas, así como empedrar caminos. 
No es cierto que sea una técnica esencialmente mediterránea. Resulta habitual también en el Atlántico, por ejemplo en la Ribeira Sacra gallega o las laderas aterrazadas de las montañas asomadas al tramo portugués del río Duero, hasta la orilla del agua. En Inglaterra remonta igualmente a la antigüedad y uno de los principales tratados en la materia es el de Alan Brooks Dry Stone Walling (British Trust for Conservation Volunteers Ltd. Londres, 1977). 
La inusitada extensión de 6.000 kilómetros de bancales de piedra seca en todas todas las laderas de la comarca vinícola rosellonesa de Banyuls y Collioure impresiona por la extensión panorámica. Sobra decir que era una técnica completamente manual, ayudada como mucho por el transporte a lomos de mulas. Actualmente las versátiles excavadoras de pequeñas dimensiones que reciben el nombre de pala-araña “robotizan” una parte de la labor, aunque el arte de encajar las piedras sigue requiriendo una sabiduría y una habilidad heredadas. 
Josep Pla captó la cantidad de sudor acumulado durante siglos en esos bancales de supervivencia, dominados por la tenacidad de hombres y mujeres que luchaban contra la abrasión del tiempo con los medios a su alcance, alzados contra la fatalidad de los elementos que ellos tuvieron la osadía de no considerar inexorables. Escribió en el libro Notes disperses: “Este fue un país de viñas. Las viñas lo construyeron. En seguida que la tierra describe una ondulación, hay una pared seca –una pared seca hecha por un hombre oscuro, desprovisto de la noción del tiempo, que ligó las piedras, hizo un escalón y plantó la viña”.







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