14 sept. 2019

Los restaurantes de carretera están donde deben, no en medio de la nada

Los restaurantes de carretera compensan la nula atención que les prestan los grandes medios de comunicación mediante un sistema propio de transmisión boca a oído que corre como un reguero de pólvora: “En tal lugar ahora se come bien, y a buen precio”. Se llenan de golpe, como un milagro o una intuición. Ayer sucumbimos al último reclamo de esta clase y fuimos a comer a Ca l’Artau, a medio camino entre Llagostera y Caldes de Malavella. Sería una desconsideración decir que se halla en medio de la nada, solo por indicar que está situado fuera de los grandes ejes de la celebridad. Llegamos a la una y media del mediodía, el parking ya estaba repleto de coches y la dificultad era encontrar mesa a quienes no habían reservado. Ocupa una amplia masía del siglo XVI que fue posada de carruajes. Ahora lo regenta una familia argentina y eso se nota en la carta. Dentro del menú del día a 15€ (los fines de semana a 23,50€), ofrece una larga lista de posibilidades. En honor del ramalazo austral
de los propietarios y también mío, elegí de primero vitello tonnato y de segundo el corte de vacío con salsa chimichurri.
La cocina argentina es muy italiana por motivos de inmigración y el vitello tonnato un plato frío típicamente piamontés, hecho con finas lonchas de ternera (el vitello) recubiertas per una delicada salsa que incorpora atún, anchoa y alcaparras (el tonnato). La ternura de la carne y el punto de untuosidad de la generosa salsa determinan el resultado. El de Ca l’Artau casi superó ayer al de mi suegra argentina, y eso es mucho decir.
En cuanto al corte de vacío (falda de ternera o bajo de la costilla), no es de los más cotizados de la infinita parilla argentina, por lo que se ve maltratado con injusta frecuencia como parte barata. Acertar un buen vacío, llevado al sublime punto justo de cocción, ternura y sabor, es un privilegio de mucho mérito que ayer alcanzamos en Ca l’Artau.
Más mérito todavía tiene conseguir una buena salsa chimichurri como la de ayer, la emulsión equilibrada de orégano, ají molido, aceite y una pensamiento leve de vinagre para poner el toque de gracia al plato. Ahora bien, los ingredientes reglamentarios de la salsa chimichurri y la recomendación o el anatema como acompañante de la carne forma parte de un debate virulento que aun no ha sido resuelto. A mi me gusta y me la pongo sin ningún sentimiento de culpa, bastantes discusiones me costó. (Foto Quim Curbet)

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