9 nov. 2019

Desde la cima del Puig d’Esquers todo se ve bien colocado en su sitio

La cima del Puig d’Esquers (término de Colera, Alt Empordà) culmina con el pilón de un punto o vértice geodésico del Instituto Geográfico Nacional. Seguramente es el elemento menos importante de todos los que acumula el lugar, dado que la tecnología actual ya no necesita señalizar posiciones geográficas mediante estos pilones para establecer una red de triangulación con los demás y ayudar a trazar los mapas topográficos. Pero allá se ha quedado y evoca que la cima del Puig d’Esquers ofrece una panorámica única sobre la perfecta curva del golfo de Roses y el llano del Alt Empordà, con el confín de la silueta de obispo yaciente (con tiara y anillo) que dibuja la cresta del macizo del Montgrí. Ayer me condujo hasta ahí una
de las personas mas atareadas de la comarca desde hace décadas. Se trata del lugar al que se escapa de vez en cuando para escuchar y oler el silencio durante un rato furtivo. Dice que a lo largo todas estas décadas no ha encontrado nunca a nadie, tal vez porque va de sopetón a horas intempestivas entre semana. Ayer, en efecto, no había nadie más que nosotros dos.
El silencio reinante no tenía absolutamente nada de fenómeno inerte. Al contrario, era un silencio vivo, cargado de los mensajes elocuentes que emite la orquesta sinfónica de la naturaleza. Acababa de entrar un viento efervescente de tramuntaneta y aun los avivaba, en un crescendo de pasajes impulsivos y otros más lentos. Los aromas espontáneos del tomillo y toda la gama del matorral añadían otra sinfonía.
Después del rato de contemplación, mi acompañante dijo: “Sirve para despejar la mente en un lugar desde donde todo se ve bien hecho y colocado en sitio”. Tomamos la foto y volvimos a recorrer en coche los siete kilómetros de pista de bosque en buen estado que parte justo delante de la playa de Garbet, equivalente marítimo condensado de las maravillas panorámicas y auditivas en el silencio del Puig d’Esquers.

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