En la calle donde vivo los servicios municipales plantaron naranjos en hilera, de perenne hoja reluciente y fruto luminoso. Es un árbol melódico, incluso en su nombre de Citrus aurantium. Los he visto arraigar como quien ve crecer a los hijos. El ejemplar situado justo enfrente de mi portal és uno de los que ha crecido con mayor decisión, de modo que levanta su copa casi hasta mi balcón, en un segundo piso. Las precoces flores blancas que se convertirán en naranjas rollizas engendran el milagro anual, cuando la fragancia fresca, la esencia pura de la flor del azahar penetra por la puerta abierta del balcón del comedor. Entonces compruebo que se ha instalado la primavera un año más. Lo ignoraba todo del aroma vivo de la flor del
