Me gustaría instalar el domicilio, empadronarme, vivir y morir en el aeropuerto de Basilea, el único del mundo que ha logrado pertenecer a la vez a tres Estados limítrofes (Suiza, Francia, Alemania) y sacar un cómodo beneficio de ello. Soy hijo de un país de frontera con continuos problemas de Estado, por defecto o por exceso. Es natural que el ingrávido equilibrio fronterizo alcanzado por el aeropuerto de Basilea me maraville. Oficialmente se llama de Basilea, Mulhouse y Friburgo, sin separación entre las tres palabras. A la llegada se puede optar por salir a cualquiera de los tres países. Se edificó en territorio francés con capital suizo. Una
