Ayer por la mañana paseaba sin rumbo por las calles del pequeño pueblo medieval de Palau-sator, de un centenar de habitantes y cuatro restaurantes destinados a la populosa clientela de visitantes. El municipio engloba actualmente tres otras diminutas joyas del “cuadrado de oro” del Empordanet: Fontclara, Sant Feliu de Boada y Sant Julià de Boada. Me detuve una vez más ante la fuente-abrevador plantada en mitad de la plaza, a cuya forma constructiva nadie ha dado explicación. A la altura de la calle Fontanella me pareció que de una casa surgía el sonido alejado pero nítido de una guitarra sola. Pulsaba el Preludio de la Suite nro. 1 para cello de Johann Sebastian Bach con una convicción que no era la de un simple ejercicio de