En la punta del cabo de Creus hay un faro y una antiguo cuartel de carabineros convertido en restaurante con fabulosas vistas sobre el inacabable relato homérico del mar y las calas ribeteadas de olivos tocados por la gracia de los dioses. Ayer comimos ahí unos pescados recién salidos salidos del agua y retratamos el bodegón.
Por alguna razón discutible, la punta del cabo de Creus tiene fama de salvaje, áspera, iracunda, insumisa, violenta, primitiva, como un paisaje mártir. En realidad hace el mismo tiempo que en todas partes. Determinados días resultan incómodos, en cambio gozar como hicimos ayer de los momentos de bonanza al sol invernal en estas mesas resguardadas del viento me ha proporcionado los mediodías más dulces, indulgentes y radiantes. El vértice rocoso del cabo de
