Hoy he saludado nuevamente, de paso, a un antiguo compañero que en la Escuela de Periodismo se caracterizaba per el abultado volumen de libros, revistas y diarios que llevaba siempre bajo brazo arqueado, con la misma naturalidad que otros llevan bigote, gorra o pendientes. Solían ser libros de la última hornada y diarios y revistas recién impresos en países varios. Más de cuarenta años después, sigue llevando el fardo bajo el brazo exactamente igual. Debe ser el hombre del país que ha leído más, sin haber publicado ni una letra de cosecha propia. Es un hombre inédito, ágrafo, de una virginidad productiva absoluta e intacta. La agrafia es el antónimo de la grafomanía, una incapacidad –voluntaria o patológica— de expresarse por escrito frente a la
