Ayer fui con un grupo de amigos a recorrer el Priorato, recibidos afectuosamente por Carles Pastrana y Mariona Jarque en su bodega Clos de l’Obac, de Gratallops. Comprobé de nuevo que el éxito mundial del vino del Priorato, fruto de cuatro jóvenes enólogos que apostaron por la calidad y la cotización internacional, tiene una cara más ingrata: su precio prohibitivo. El vino de esta tierra pizarrosa, dura y despoblada, se ha convertido en la nueva gallina de los huevos de oro, de huevos de Fabergé. El universo del vino, colocado en la tensión dialéctica del mercado, no es solamente una cuestión sensorial. El Priorato reúne a 23 municipios, apenas 9.600 habitantes y casi más bodegas que residentes. Solo en Porrera, “el pueblo de Lluís Llach”,