París siempre ha tenido tendencia a tratar con una cierta imagen mítica, por no decir cultural, una de las miserias más persistentes de la humanidad como es la prostitución. Ahora le dedica una gran exposición en el Museo de Orsay. El vecino Louvre tiene la clientela asegurada (es el más visitado del mundo, 9,3 millones de entradas al año), pero el de Orsay se encuentra circunscrito al arte moderno y debe realizar más piruetas para que el público y por tanto el balance no decaigan. La fascinación de París como capital internacional se basó en la ausencia de puritanismo formal en la vida pública, gracias a la larga lucha anticlerical abierta por la Revolución y mantenida por el republicanismo. La frivolidad, la