Los grises invernales de París suelen a presentarse con el velo de humedad del clima atlántico, sumado a la capa de contaminación atmosférica que destiñe el aire de la capital. Sin embargo algunos días selectos luce un rayo sol que incita los grises parisinos a adoptar, exaltados por un ímpetu biológico, un tono trémulo y efusivo. Si llueve es preciso refugiarse en el interior del Louvre para contemplar desde los ventanales los jardines de las Tullerías, acudir a alguno de los conciertos gratuitos de órgano en la nave gótica de la iglesia de Saint-Merri o encerrarse en la habitación del hotel a practicar yoga o lo que sea con libertad,
