24 jul. 2012

La culpa del fuego tampoco es de los fumadores

Se ha querido presentar como noticia de impacto que el devastador incendio declarado en la raya de frontera de La Jonquera i El Pertús ha sido originado por colillas de cigarrillo sin apagar tiradas de cualquier manera, incluso recogidas “a centenares” en el punto de partida de las llamas, un área de estacionamiento de camiones. En realidad la mayoría de incendios forestales se deben a causas conocidas como esa, sin que tal cosa represente ninguna novedad, menos aun en la frontera terrestre más transitada de todo el continente europeo, franqueada cada día por miles de camiones y vehículos de todo tipo, multiplicados desde la existencia de la autopista y la
marginación del transporte por tren. El volumen de tránsito fronterizo en La Jonquera i El Pertús ha generado todo un mundo de actividades asociadas, una intensa vida económica que se ha visto acompañada con mucha dificultad por una regulación y una prevención proporcionales al fenómeno. La colosal desproporción entre el volumen de tránsito humano y las medidas de control de la situación por parte de las autoridades, en un paso pirenaico de baja montaña moteado a cada lado por pequeños municipios y población rural, ha dado pie a desequilibrios muy conocidos, cuyo ejemplo chillón es el foco de prostitución más concurrido de Europa. No representa ninguna novedad, una vez más, como tampoco que los servicios y controles necesarios en las inmensas áreas de estacionamiento de camiones de este punto fronterizo son netamente insuficientes, sin relación con el negocio que generan. La prevención es el arma más eficaz contra muchos delitos y accidentes. Se ha dicho y repetido que los grandes incendios forestales de verano se apagan primordialmente en invierno, más aun en una zona como la raya de frontera del Alto Ampurdán, reiteradamente castigada por los mismos motivos. La existencia de imbéciles capaces de cometer cualquier irresponsabilidad no constituye tampoco ninguna noticia inesperada. Lo sería mucho más que no se adopten medidas eficaces contra causas conocidas de catástrofes repetidas. Eso sería mucho más noticia, aunque tal vez intentasen que pasara desapercibida bajo el ala engañosa de la fatalidad o el accidente imprevisible.

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