30 dic. 2014

Lluís Soler recita la Divina Comedia en el Romea, no se sabe bien cuándo

El actor Lluís Soler recitando fragmentos de la Divina Comedia de Dante era como para correr ayer lunes al teatro Romea. Es lo que hice, con la fe puesta en los destacados precedentes de este intérprete diciendo fragmentos de Les hores de Josep Pla emitidos por Catalunya Radio, de Shakespeare, de El comte Arnau de Josep M. de Sagarra o su más reciente Canigó de Jacint Verdaguer. La actuación formaba parte del ciclo “Solos”, que el teatro programa los lunes, día de descanso de la compañía en que la sala se permite algunos experimentos, aunque sea con una publicidad prácticamente nula. Pese a poner la entrada a 20 €, el
espectáculo no dispone de ningún programa de mano, ni un triste papel fotocopiado con los cuatro datos básicos de lo que presenta. Al parecer, ofrecerá tres representaciones, aunque las dos siguientes no tienen fecha anunciada. Sea como sea, el actor Lluís Soler recitando fragmentos de la Divina Comedia de Dante era como para correr al teatro Romea.
El recitado (leído) se reveló todavía verde. En cambio el actor ofreció entre cada fragmento unas explicaciones bien trabajadas para contextualizar unos versos del siglo XIV, en la traducción de Josep M. de Sagarra, que no siempre resultan fácil entender a la primera, pese a que la Divina Comedia se parezca poderosamente a las actuales superproducciones de ficción del tipo de El señor de los anillos y sus continuas secuelas cinematográficas o televisivas. 
La propuesta de Lluís Soler con Dante (explicación primero, recitado a continuación), sigue el camino del inolvidable espectáculo “Gassman legge Dante” que recorrió Italia y fue editado en vídeo en 1996. Pero no le llega a la suela del zapato, de momento. 
El oscarizado actor Roberto Benigni también dedicó un espectáculo recitativo a "Tutto Dante" el verano del 2006, con un éxito resonante a raíz de la presentación durante trece días seguidos en la plaza Santa Croce de Florencia, bajo la estatua del poeta. Luego fue un éxito televisivo por episodios en la RAI italiana y a continuación otro editorial en doce DVD, que guardo como un tesoro en mi modesta biblioteca, junto a los tres vídeos de la misma idea protagonizada por Vittorio Gassman en escenarios naturales de toda Italia. 
Pese a la repercusión de la posterior gira mundial de Benigni con “Tutto Dante”, el espectáculo solo se presentó durante tres días en el festival madrileño Veranos de la Villa el año 2009 y no lo hizo en el Grec barcelonés, dicen que por falta de interés de los programadores de aquí, pese a la larga tradición dantesca barcelonesa, la entonces reciente lectura completa de la obra cada tercer miércoles del mes en el Instituto Italiano de Barcelona por sucesivos especialistas y la nueva traducción al catalán publicada en 2001 por Joan F. Mira, tras la clásica de Josep M. de Sagarra, que la Biblioteca Bàsica d'El Periódico ofreció en mayo de 2005 en tres volúmenes a 1 euro cada uno. En aquel momento recordé, claro está, que Dante habla en la Divina Comedia de "l'avara povertà di Catalogna". 
La fantástica epopeya del viaje al más allá que propone en la Divina Comedia es uno de los mayores espectáculos literarios de todos los tiempos. Josep Pla se emocionaba hasta les lágrimas cuando Joan B. Solervicens --o más adelante Modest Prats-- le recitaban en italiano, al calor de alguna sobremesa, los gloriosos versos: "Sovra candido vel cinta d'uliva/ donna m'apparve, sotto verde manto/ vestita di color di fiamma viva"... 
El renovador del dolce stil novo y de la lírica trobadoresca, uno de los poetas más reconocidos de toda la historia y forjador de la lengua italiana moderna, nació en Florencia en 1265 y murió desterrado en Ravenna en 1321. En la iglesia de esta segunda ciudad donde se halla enterrado, la lápida reproduce sus versos: "O servil Italia, madre patria de miseria, barco sin timonel en medio de la violenta tempestad"... Esos versos de 700 años atrás resuenan con una cierta actualidad, según cómo se miren, igual que tantos otros versos de la Divina Comedia. 
La estatua de Dante Alighieri, aureolado con la corona de laurel, preside la plaza de mayores dimensiones de Florencia. Tras la escultura de mármol se despliega la basílica de Santa Croce. En la nave se contempla el mausoleo del poeta. En realidad la estatua y el mausoleo están destinados a disimular que Dante, expulsado de su amada ciudad, no murió ni está inhumado aquí. 
Florencia le desterró y condenó a muerte per culpa de las luchas políticas intestinas entre los bandos de los güelfos y los gibelinos. Él correspondió maldiciendo en sus versos a los conciudadanos florentinos. Contra esa maldición aun no han podido nada los numerosos intentos de rehabilitación, protagonizados los últimos siglos por las autoridades locales. El poeta más importante, el creador del idioma italiano moderno, sigue obstinadamente enterrado desde el año 1321 en Ravenna, la ciudad que lo acogió, fuera de la Toscana natal. 
La ciudad ha reconstruido su casa natal, ha anulado la antigua condena y le ha distinguido con todos los títulos honoríficos posibles, pero él ya rechazó en vida la primera amnistía y sus versos siguen dejando muy mal parada a la ingrata capital toscana. El poder de la poesía alcanza, en algunos casos, a convertirse en veredicto. La historia todavía no ha absuelto a Florencia de la expulsión de Dante. 
Los güelfos (comerciantes de la emergente clase media) defendían los intereses territoriales del Papado, frente a los nobles gibelinos partidarios del otro gran poder europeo, el emperador del Sacro Imperio Romano-germánico, aunque el enfrentamiento ocultaba asimismo discrepancias locales. Dante Alighieri militaba en una facción güelfa perdedora. Fue desterrado en 1302. Le invitaron a regresar en 1311, si se arrepentía públicamente. La negativa le costó la pena de muerte en contumacia, incluso contra sus descendientes. 
En el destierro escribió los 14.233 versos de un libro culminante, su viaje imaginario al inferno y al purgatorio, conducido por el poeta latino Virgilio, así como al paraíso de la mano de la platónica Beatriz. Los libros se redactaban entonces en la única llengua escrita reconocida, el latín. Él fue el primero en hacerlo en lengua vernácula o vulgar, a la que ennobleció de forma definitiva. Lo tituló Comedia. Pocas décadas más tarde Giovanni Boccaccio la calificó de divina, con el nombre que le quedó desde la edición de Giolito de 1555. Muchos escolares italianos todavía recitan hoy de memoria los fragmentos más emotivos.

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