17 ago. 2016

El día que Josep Pla descubrió América y le sacó más de 200 páginas

En 1954 Josep Pla, uno de los periodistas más viajados y leídos de su tiempo, ya se había encasquetado la boina e inventado la falsa imagen literaria de payés retirado en el Empordà, aunque en realidad no parase de viajar, como siempre. Su trayecto transatlántico de agosto de aquel año a La Habana y Nueva York marcó una encrucijada y dio un resultado revelador sobre la opción narrativa que defendía bajo la boina aparente. Era su primer viaje fuera de Europa, sufragado por el intercambio publicitario entre los artículos en el semanario Destino y las compañías navieras que promocionaban las líneas marítimas de viajeros, los incipientes cruceros para clientes acomodados, por ejemplo los lectores de la revista barcelonesa ilustrada. También formaba parte del clima divulgativo del
american way of life y la guerra fría, inevitablemente.
Josep Pla no hizo el viaje solo. Le acompañó el secretario de redacción de la revista, Néstor Luján, de una generación más joven. Aquel viaje supuso imprevistos en las crónicas que se esperaban de Pla. De entrada, fueron prácticamente inexistentes las alusiones a la compañía del culto y emergente Luján (traductor al castellano dos años antes de la novela planiana La calle Estrecha). 
Por sorpresa, Pla tampoco concedió la más mínima importancia escrita a la estancia que hicieron en La Habana, pese a los viejos vínculos catalanes con la isla caribeña y pese a constituir habitualmente un tema literario propenso al lucimiento coloreado. 
La Habana, que pisaba por primera vez, no le interesó. Ni una sola raya. Situó por completo el núcleo del viaje en Nueva York, con un himno rendido y minucioso a la modernidad de la ciudad de los rascacielos, lo cual que debió parecer contradictorio a los lectores que se hubiesen tragado la falsa imagen del payés conservador retirado en el Empordà. 
Zarparon el 3 de agosto de Cádiz a bordo de la motonave Guadalupe. El 19 de agosto, tras la estancia muda en La Hanana, llegaron por el estuario del río Hudson ante el espectáculo de lo rascacielos arracimados, el “manojo fantástico de espárragos” de la isla de Manhattan. Ahí  arranca la morosa y vibrante descripción de 200 páginas, la narración Week-end (d’estiu) a Nova York (vertida más parcamente al castellano como Fin de semana en Nueva York). Con el redactado original el título presagiaba el tono. 
Las páginas a propósito de la estancia de seis días componen una de las narraciones de mayor calidad de toda la obra de Pla, oscilante entre la admiración y el escepticismo. Ha sido reeditada en varias ocasiones como libro por sí solo, desde la primera edición del 1955 en la editorial Selecta, e incorporada como obertura del volumen 34 Les Amèriques de la Obra Completa. 
Las contradicciones forman parte esencial, permanente y característica de la actitud de Pla, hombre contradictorio del principio al fin. Gracias a tales contradicciones su obra se mantiene firme hasta hoy, con una polivalencia a veces tramposa pero siempre atractiva para el lector de generaciones sucesivas. 
Federico García Lorca también fue acusado por sus contemporáneos de un poco demasiado casticista, costumbrista adherido a la raíz popular, cuando no captaban al primer vistazo su destilación innovadora, incluso transgresora, entre tradición y modernidad. Les calló la boca con el libro vanguardista Poeta en Nueva York, fruto de su viaje de 1929. Josep Pla estaba perfectamente al corriente del precedente. 
Algunos seguimos lamentando hoy el silencio de Pla sobre La Habana, aunque nos consolamos largamente con la relectura del sorprendente y todavía actual Week-end (d’estiu) a Nova York: “Es una impresión de fuerza humana radiante y espléndida en que se mezcla la imposibilidad de hacer comparaciones (viniendo de Europa) y una sensación de belleza fría, geométrica, mecánica y esbelta... Las estructuras aparecen sobre el cielo color de estaño tocadas por un baho de neblina inconsútil, y la tensión de energía sosegada sume al espíritu en un estado de vivísima curiosidad y al mismo tiempo algo disminuido por tanta grandeza”.

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